Cuentos de mujeres: Perséfone, Caperucita, Blancanieves, Bella durmiente, Rapunzel, Cenicienta

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Si nos preguntáramos por el origen de lo que hoy llamamos literatura, habría que recordar que antes de que se inventaran las letras existía ya una forma de expresión oral. Y si buscáramos su primer brote y cómo se produjo, probablemente hallaríamos que nació vinculado a la vida misma, acaso al hecho de darla y acogerla y, por ello, que surgió de labios femeninos.

Clara Janés (Guardar la casa y cerrar la boca)

MUJERES Y LITERATURA

El ensayo de paleoantropología El sexo invisible, de J. M. Adovasio, Olga Soffer y Jake Page, apoya la idea de la poetisa y ensayista Clara Janés sobre que el origen del lenguaje está vinculado a la relación entre mujeres debido a su capacidad para dar vida y a la propia relación entre la mujer y sus criaturas. Afirma incluso que es posible que el oficio de comadrona fuese, de hecho, el más antiguo de la historia de la humanidad.

Ya mencionamos al respecto de los cuentos de lobas, hadas y damas que los relatos de tradición oral en sus versiones originales, por medio de metáforas y símbolos que, al igual que lo sueños, muestran arquetipos y estructuras de pensamiento, transmiten enseñanzas que absorbemos de una manera inconsciente y no intencional. Cuando aún no se había inventado la escritura, los saberes adquiridos por los seres humanos pasaban de una generación a otra mediante la palabra hablada.

El contenido de estas narraciones gira, como es natural, en torno a la vida misma y su preservación. Un tema recurrente es el de los ritos de paso a nuevas etapas de la vida y, en concreto, la transición a la fase de la sexualidad de la mujer caracterizada por la ciclicidad. Cabe pensar, por tanto, que su origen esté en las mujeres como forma de comunicar el conocimiento que adquirían a través de sus experiencias.

Cuentos de mujeres para mujeres

En los cuentos orales abunda la simbología menstrual; sobre todo, referente a la menarquía o primera menstruación que inicia la madurez sexual:

  • El color rojo de la sangre se muestra a través de los granos de granada, la manzana, la caperuza, el vino, los labios, los zapatos rojos, el hilo rojo, el huevo rojo o, de forma indirecta, a través de objetos punzantes (agujas, alfileres, espinas, astillas, ruecas, púas). Puede aparecer asociado con los colores negro (oscuridad, fin, luna nueva) y blanco (luz, nuevo comienzo, luna llena).
  • El arquetipo de la bruja o la vieja («la que sabe») encarna la intuición, la iniciación en el conocimiento. También puede venir de parte de la figura de un animal, por su relación con la naturaleza salvaje, o de una muñeca.
  • El viaje al interior de una misma, la introspección hacia lo desconocido (inconsciente) como forma adquirir ese conocimiento, queda representado por el descenso al inframundo (mundo subterráneo), la estación del invierno, el estado de sueño, el hecho de adentrarse en el bosque/desierto o de sumergirse en el agua.

De las profundidades de la tierra y del inconsciente humano, arqueólg@s y psicoanalistas están desenterrando la verdad de la condición humana: aquello que fue enviado al Hades (o al infierno) por los mitólogos fundadores del orden simbólico patriarcal. Lo que no debe ser, ni saberse, ni imaginarse.

Casilda Rodrigañez (El asalto al Hades)

Perséfone

Perséfone, hija de Deméter (diosa griega de la madre naturaleza), estaba cogiendo flores con unas ninfas junto a un lago cuando Hades emergió de una grieta en el suelo y se la llevó al inframundo. Deméter, desolada, buscó a su hija por todas partes aunque sin éxito, mientras la tierra se volvió estéril. Hécate (diosa de las tierras salvajes, las encrucijadas y la brujería) sugirió a Deméter preguntarle a Helios (el sol, que todo lo ve) para que le contara lo sucedido. Zeus envió a Hermes al inframundo y obligó a Hades a liberarla, quien impuso la condición de que ella no probara bocado en todo el camino de vuelta. Pero Perséfone comió seis (o cuatro) semillas de granada. Zeus negoció con Hades que durante una mitad del año Perséfone podría regresar con su madre, volviendo la naturaleza a florecer y dar frutos; mientras que la otra mitad, un mes por cada semilla, tendría que volver al inframundo.

Otras tradiciones tienen diosas con las que comparte elementos comunes como la muerte, la noche, el inframundo, la existencia entre dos mundos, la dualidad mortal-maternal (muerte-vida), la ciclicidad de las estaciones y la relación con el agua. Algunas son Morrigan (irlandesa/celta), Brigit (celta), Hel (nórdica), Mictecacihuatl (azteca), Ishtar (babilónica) / Inanna-Ereshkigal (sumeria), Hécate (griega), Brigitte (haitiana, de piel blanca y pelo rojo), Isis (egipcia), Kali/Mahakali (hindú), Maguayan (filipina)… siendo Proserpina/Libera (romana) la más similar.

Según Clarissa Pinkola Estés, las versiones antiguas del mito no incluían el rapto por un dios oscuro, sino que la diosa bajaba al inframundo por un «amoroso anhelo», adquiría una profunda sabiduría y ascendía de nuevo al mundo exterior. De hecho, la palabra «Hades» designa tanto al inframundo como al dios, por lo que uno pudo haber sido el origen del otro. Los cantos a Inanna (en sumerio, Nin-nanna, reina del cielo; e hija de la Luna y hermana del Sol), de la poetisa Enheduanna, cuentan que la diosa bajó por si misma al inframundo («Gran Abajo» o «Ciudad Sombría»), para lo que se tuvo que ir despojando de todo lo que llevaba puesto del mundo de arriba, y subió también por si misma volviendo más poderosa. Otra versión del mito es el cuento de La doncella manca.

Caperucita roja

Caperucita es mandada por su madre a casa de la abuela enferma, cruzando el bosque, para llevarle una torta y un tarro de mantequilla. Aparece un lobo que le pregunta adónde va y, tras oír su respuesta, le da a elegir entre el camino de las agujas y el de los alfileres. Ella elige el más largo y se entretiene recogiendo agujas. Él va por el corto, llega antes y mata a la abuela. Este vierte su sangre en una botella y corta su carne poniéndola en una bandeja. Después ocupa el lugar de la abuela en la cama, haciéndose pasar por ella. Cuando Caperucita llega, el lobo le dice a la niña que guarde la torta y la mantequilla y que coma la carne y beba el vino que hay en la despensa. En la casa hay un gato que le advierte de que quien está en la cama es, en realidad, el lobo y que lo que come y bebe es la carne y la sangre de su abuela. El lobo continúa diciéndole que se desnude y se meta en la cama con él, repitiendo prenda a prenda (delantal, corpiño, falda, enaguas y medias) «tírala al fuego, nunca más la necesitarás». Al hacerlo, la niña se sorprende del aspecto que tiene su abuela desnuda.

  1. Final: El lobo se come a Caperucita.
  2. Final: Caperucita reconoce al lobo, por lo que finge tener ganas de hacer caca y sale de la casa. El lobo le ata una cuerda al pie, pero ella la corta y escapa.

Las versiones orales, recogidas por Paul Delarue y Marie-Louise Tenéze, llevan por título El cuento de la abuela o La falsa abuela y no mencionan que la niña llevara caperuza ni nada sobre el color rojo. Perrault debió de añadir la caperuza (chaperon), definida como un gorro (sin capa) que utilizaban las mujeres pertenecientes a la burguesía, para darle un rasgo definitorio al personaje y para emular el título de otros cuentos de tradición oral. En esas versiones más primitivas permanecía, sin embargo, la escena de la carne y la sangre que a partir de Perrault se ha omitido. Se ha sugerido que la atribución del color rojo fue arbitraria, aunque bien podría haber reemplazado y camuflado el elemento de la sangre.

De igual modo, la estructura repetitiva «tírala al fuego, no la necesitarás más» podría haber sido sustituida por la posterior «Qué (ojos) tan grandes tienes […] Son para (verte) mejor», ocultando así la parte en la que la niña se desnuda y se deshace de sus viejas capas. En versiones posteriores también se ha eliminado el detalle de las agujas/alfileres, instrumento punzante que puede provocar el sangrado. Aquí la intuición vendría representada por la figura de lobo (¿loba?), que la inicia por el camino del bosque salvaje en el que pincharse y sangrar, le ofrece beber la sangre y la insta a despojarse de su ropa de niña que ya no le sirve.

Blancanieves

Lilla, la hermana de un barón de la Selva Negra, se embaraza al comer la hoja de un rosal. A los nueve meses nace su hija Lisa. Lilla manda traer a las hadas para que le obsequien sus dones, pero una tropieza y la maldice con que cuando cumpla siete años su madre le pondrá una peineta en el pelo y la niña morirá. La profecía se cumple y la madre deposita el cuerpo en siete ataúdes de cristal. Lilla enferma y, antes de fallecer, hace prometer a su hermano que nunca abrirá la habitación de Lisa. Pero la baronesa abre el cuarto prohibido y encuentra a Lisa, que ha crecido al tiempo que los ataúdes de cristal se han alargado. La baronesa, celosa de su hermosura, trata de matarla. Pero al arrastrarla por los cabellos, saca la peineta, despertándola. La baronesa la obliga a trabajar como una esclava. Más tarde, el barón va a ir a una feria, por lo que pregunta a cada habitante del castillo qué obsequio desean. Cuando le toca el turno a Lisa, la baronesa se opone. Pero él insiste y la joven pide una muñeca, un cuchillo y una piedra. Lisa cuenta sus cuitas a la muñeca pero al no obtener contestación, le abre el vientre con el cuchillo y le introduce la piedra, y la muñeca cobra vida. Un día el barón espía a Lisa por la cerradura de la puerta y escucha que le cuenta a la muñeca toda su historia. El barón manda a su esposa de regreso con sus familiares y deja a su sobrina casarse con un novio de su propia elección.

En una versión posterior de La joven esclava (recopilada por Giambattista Basile), los hermanos Grimm convierten a la protagonista en una princesa de piel blanca, labios rojos y pelo negro. Añaden a la peineta (elemento punzante) un corpiño y una manzana, aunque versiones posteriores se quedan solo con esta última. Ni siquiera ellos introducen la escena del beso (los portadores del sarcófago se tropiezan, sale el trozo de manzana y ella despierta). Incorporan, además, las escenas en que la madrastra come el hígado y el corazón de un cervatillo creyendo que son de la niña, y la final en que la calzan zapatos de hierro al rojo vivo que la hacen bailar hasta la muerte.

Se ven algunos elementos comunes a otros cuentos orales, como la curiosidad de la mujer de Barba Azul que abre la habitación prohibida y el propio tío que espía por la cerradura, y los zapatos rojos de Las zapatillas rojas por los que a la niña le cortan los pies. La muñeca es un elemento mágico recurrente en historias orales (Vasalisa la sabia, donde es la muñeca quien manda a dormir a la niña mientras ella hace el trabajo) y, según Clarissa Pinkola Estés, encarna la intuición a la que hay que alimentar y escuchar. La madre, además, se embaraza por comer una hoja de rosal, conocido por sus espinas.

Bella durmiente

Un rey tiene una hija, Talía, y llama a todos los sabios del reino para que predigan su futuro. Le dicen que está en peligro mortal por una astilla de lino, por lo que el rey lo prohíbe en el castillo. Al crecer, Talía ve por la ventana a una anciana con una rueca y un huso. Intrigada, sale, coge la rueca y tira del hilo. Se clava una astilla de lino en la uña y cae muerta. El padre la deja en un sillón, cierra todas las puertas y se va para siempre. Pasado un tiempo, el halcón de un rey que estaba por el bosque entra volando por la ventana del palacio. Entra y encuentra a la princesa dormida. La lleva a una cama, la embaraza y regresa a su reino. Nueve meses después, la joven dormida da a luz a dos gemelos, Luna y Sol. Dos hadas cuidan de ellos hasta que un día, al buscar los niños el pecho y no encontrarlo, le chupan el dedo y le extraen la astilla. El rey regresa y la encuentra despierta con sus dos hijos. Le promete que la llevará junto a él. De vuelta a su castillo, el rey habla en sueños de Talía y los gemelos. La reina pide que le traigan a los niños y manda al cocinero que los mate y los sirva de comida a su marido. Este los esconde y sirve al rey dos cabritillos. La reina trae a Talía y ordena arrojarla al fuego. Aunque consiente que se desnude antes de morir por el oro y las perlas de su ropa. Con cada prenda que se quita, esta lanza un grito más alto que el anterior. El rey aparece y manda quemar a la reina. Nombra al cocinero primer caballero y se casa con Talía.

En las versiones posteriores de Sol, Luna y Talía por Perrault y los hermanos Grimm, aparecen siete/trece hadas (de las cuales una echa la maldición para dentro de quince o dieciseis años/el día que cumpla quince) y el periodo de cien años de sueño, junto con los arbustos de espinos/rosales del castillo que se abren por sí solos cuando llega el momento de cumplirse los cien años. Asimismo se elimina la escena sexual y se sustituye a la esposa del rey por la madre de este que, en lugar de al fuego, manda arrojar a la protagonista a unos animales para que se la coman (eliminando también el despojarse de su ropa prenda a prenda), y este acaba siendo su propio destino.

Algunas variantes en otras culturas son: Saga Volsunga, Blandín de Cornualles, Frayre de Joy e Sor de Plaser, Perceforest, Surya Bai. Hay un paralelismo con algunos mitos, como el vasco en el que Amalur (Madre Tierra) da vida a sus hijas Eguzki (Sol, en euskera es femenino) e Ilargi (Luna, literalmente «luz de los muertos»), aunque sin sexo de por medio, y cuyas cuevas son las puertas al interior de la tierra (mundo subterráneo). No en vano, Thalia es un nombre griego que significa «adornado con flores» o, más acertadamente, «floreciendo».

Rapunzel

Una mujer embarazada ve perejil en el jardín de su vecina ogra. Le da tal antojo que se cuela para cogerlo y, así, repetidas veces hasta que la pilla. Esta le promete no denunciarla si le da al bebé cuando nazca. Al cumplir la niña siete años, la ogra la aborda todos los días: «Dile a tu madre que recuerde su promesa», hasta que esta le dice que responda: «¡Tómalo!». La ogra la coge del pelo, se la lleva a un bosque sombrío y la encierra en una torre sin puerta y con una sola ventana. Un príncipe la oye cantar y ve sus dos largos mechones dorados de pelo. Quedan por la noche, cuando la Luna juega al escondite con las Estrellas. La joven le da opio a la ogra, y deja caer su pelo para subir al príncipe. Antes de que salga el Sol, el príncipe vuelve a bajar por el pelo. Tras muchas visitas nocturnas, a la ogra le llega el rumor de la relación y la sospecha de que escapen antes de mayo. La chica oye decir a la ogra que su huída es imposible por el hechizo que le ha puesto, a menos que tenga las tres gallaritas que están en la viga de la cocina. Ella manda al príncipe por las gallaritas, hacen una escalera de cuerda y huyen. La ogra es alertada y les persigue. Ella le arroja una gallarita, que se trasforma en un perro; la ogra saca un trozo de pan y se lo lanza. Arroja la segunda y aparece un león; la ogra se disfraza con una piel de burro. Cuando arroja la tercera aparece un lobo que ve a la ogra con la piel del burro y la devora. La pareja llega al reino del príncipe y se casan.

La primera mención escrita es el poema persa del siglo XI Shahnameh, de Ferdowsi, que narra la relación entre Zal y la princesa de Kabul, Rudaba, que permitía el acceso de su amante con ayuda de sus trenzas. Los hermanos Grimm la adaptaron a partir de la versión la francesa Persinette, recogida por la escritora La Force, a su vez de la italiana Petrosinella (traducida como Perejilda o Verdezuela), recopilada por Giambattista Basile. En versiones posteriores, el príncipe cae sobre espinos y queda ciego pero las lágrimas de ella le curan, la bruja le corta el pelo y la chica tiene mellizos.

En la mitología griega, la constelación de Virgo representa a Astrea (en griego, estrellada), la diosa virgen que llevaba los rayos de Zeus en sus brazos. En la romana a Ceres, diosa de la agricultura, las cosechas y la fecundidad, quien posee una espiga en su mano (que bien podría ser, al igual que los rayos, esos cabellos dorados). El Sol alude al dios Helios (el que todo ve), hermano de Selene (Luna) y Eos (Aurora). Además, la referencia al mes de mayo alude a la llegada del Reino del Día en el que la fertilidad vuelve a la tierra (antiguamente los contratos matrimoniales se suspendían como ofrenda de fertilidad a la tierra). Resulta curioso el detalle del perejil que es una planta emenagoga, favorecedora de la menstruación (¿de qué amenaza con denunciarla la ogra?), y el opio (opós mekonos: jugo de adormidera) que Hipócrates recomendaba para tratar la histeria («sofocación uterina»).

Cenicienta

En Egipto vive una muchacha griega esclava. Su amo es un hombre viejo que pasa el tiempo durmiendo. Las otras muchachas de la casa, libres pero siervas, se burlan de ella por ser distinta. Ellas tienen el pelo liso y negro, la otra rubio y rizado. Ellas ojos castaños, la otra verdes. La piel de ellas tien el fulgor del cobre, pero la otra es pálida y se quema con el sol. Por eso la llaman Ródope (Mejillas Rosadas). Le hacen trabajar mucho y la riñen. Y sus únicos amigos son los animales. Un atardecer, mientras baila, el viejo despierta y la ve. Tanto le gusta que, para que no vaya descalza, manda hacerle unas sandalias adornadas con oro rojo. Las otras se ponen muy celosas. El faraón Amosis I llega a Menfis e invita a todos los súbditos. Ródope quiere ir pero las otras le mandan más tareas y se marchan sin ella. Mientras lava la ropa en el río, Ródope se salpica el calzado. Se lo quita, lo limpia y lo pone a secar al sol. Entonces un halcón (Horus) coge una sandalia, se la lleva y la deja caer en el regazo del faraón. Este ordena que todas las doncellas de Egipto se la prueben, que la dueña será su reina. Al llegar la barca del faraón, las siervas corren a probarse la sandalia pero Ródope se esconde entre los juncos. Las siervas reconocen la sandalia, pero aun así se esfuerzan por calzársela. El faraón ve a la chica escondida y le pide que pruebe ella también. Sale, se calza la sandalia y saca la otra que tiene guardada. El faraón anuncia que ella será su reina.

Las raíces conocidas de Mejillas Rosadas se remontan al antiguo Egipto, aunque existen versiones de ella a lo largo y ancho del mundo (romana, china, vietnamita, persa, abenaki, rusa…), siendo de nuevo más conocidas las de Giambattista Basile (La gata cenicienta), Perrault (que modificó el material del zapato haciéndolo de cristal) y los hermanos Grimm. En algunas de ellas, se estaba dando un baño en vez de lavando y vino un águila en lugar del halcón, o incluso hay un pez parlante. Tanto el agua como el pez son símbolos ancestrales de la sexualidad femenina, e incluso las aves con garras y alas recuerdan a la deidad fenicia Astarté (o israelita Astarot, mesopotámica Ishtar, etc.), que representaba el culto a la madre naturaleza, a la vida y a la fertilidad. Y Horus (dios celeste iniciador de la civilización egipcia) es hijo de Isis (diosa virginal del país de los muertos) y Osiris (dios agrario y de la resurrección).

Además, llama la atención que si las sandalias, de color rojo, son salpicadas solo con agua del río se diga que se manchan y ella las tenga que lavar. Cuenta Pinkola Estés que en las culturas matriarcales (o, mejor dicho, matrifocales) de la antigua India, el antiguo Egipto y ciertas partes de Asia y Turquía, se entregaban alheña y otros pigmentos rojos a las muchachas para que se tiñeran los pies en los ritos de iniciación como el de la primera menstruación.

NARRARNOS PARA REHABITARNOS

Que yo y otras muchas mujeres vayamos buscando heroínas de cuento de hadas en los libros es otra versión del mismo proceso: deseo validar mi reivindicación a poseer una parte equitativa del futuro, y expreso para ello la exigencia de que me concedan la parte del pasado que me corresponde.

Angela Carter (Cuentos de hadas de Angela Carter)
decameron boccaccio

A lo largo de esta labor arqueológica, vemos que en origen no existían algunos elementos por los que hoy en día se ha renegado de los cuentos tradicionales, ya que convierten a las protagonistas en objetos pasivos: el rapto de Perséfone por Hades, el cazador que mata al lobo para salvar a Caperucita y a la abuela, el príncipe que besa a la princesa para despertarla, o el que mata al dragón (otro símbolo, junto a la serpiente, de la sexualidad femenina), etc.

Perduran, sin embargo, otros añadidos (por ejemplo, el sexo no consentido por la Talía durmiente) tan mezclados con el original que pueden dificultar seguir el rastro hasta la raíz de la historia. Al fin y al cabo, lo que nos ha llegado es lo que algunos escritores decidieron plasmar en el papel, salvo contadas excepciones como los cantos a Inanna y los cuentos orales en ciertas regiones. Nos queda la tarea, pues, de continuar tirando del hilo para recuperar lo que una vez fuera nuestro.

En nuestro (más que justificado) intento por liberarnos de los códigos de conducta para mujeres que recopiladores y adaptadores posteriores han ido incorporando a los cuentos, hemos olvidado la sabiduría que, más o menos oculta, ha pervivido a lo largo de la historia. Y es que de ella depende, como afirma Clarissa Pinkola Estés, la supervivencia de nuestra Mujer Salvaje y, por tanto, la salud de la psique femenina.


Referencias:


tres veces tres
Tres veces tres, mi libro de cuentos fantásticos

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